Entre los muchos elementos que forman parte de un coche que habitualmente revisamos y reparamos en Talleres AGM se encuentra el turbocompresor del motor. En este post queremos hablarte un poco de él; su funcionamiento e importancia para que coche pueda circular con normalidad.

¿Qué es el turbocompresor de un coche?

El turbocompresor es un sistema de sobrealimentación del motor de tu coche cuya función es la de aumentar su potencia. Esta pieza se compone de una turbina que está conectada a la rueda de un compresor mediante un eje coaxial. La recirculación de los gases del tubo de escape permite que las aspas de esta turbina se accionen, provocando que la rueda gire para impulsar el aire hacia el interior del compresor, donde se comprime y es conducido hasta el colector de admisión y los cilindros.

A estos llega con una mayor presión, lo cual añade potencia extra a tu motor. Los turbocompresores aparecieron en su momento para solucionar las deficiencias que presentaban los motores de combustión interna tradicionales en cuanto a rendimiento. El principal problema era que no se aprovechaba la mayor parte de la energía generada debido a la pérdida de gases que se producía a través del tubo de escape.

En resumidas cuentas, el turbocompresor posibilita que tu motor reciba más oxígeno para realizar de manera más eficiente la mezcla con el combustible. Actualmente, es en los propulsores diésel donde este sistema ofrece una mayor eficacia; de ahí nacen los llamados motores turbodiésel. No obstante, también es frecuente en los que funcionan con gasolina, aunque su rendimiento sea menor, y su consumo entre un 20 % y un 30 % más elevado.

Y…¿qué es un intercooler?

Debes saber que la mayoría de turbocompresores incorporan un intercambiador de calor, que también conocemos como intercoolery sirve para enfriar el aire comprimido, que puede llegar a alcanzar temperaturas cercanas a los 750 grados. Precisamente, el enfriamiento es lo que permite que al motor llegue un mayor porcentaje de oxígeno y, por lo tanto, su rendimiento sea también mayor.

Si tienes en cuenta su estructura, puedes distinguir entre cuatro tipos de turbocompresores: turbocompresor de geometría fija (TGF), turbocompresor de geometría variable (TGV), turbocompresor de doble entrada (también conocido como twin scroll) y turbocompresor eléctrico. Si los clasificas atendiendo al número de turbos y su sistema organizativo, puedes diferenciar entre el turbocompresor de sistema básico, el biturbo secuencial, el biturbo en paralelo y el triturbo o cuatriturbo.

Beneficios que ofrecen los turbocompresores

Gracias a los turbocompresores es posible fabricar motores de menor cilindrada y tamaño sin que ello signifique una reducción de prestaciones. Estos son más económicos y contaminan menos, dos grandes ventajas que también debes tener en cuenta. Asimismo, el consumo de combustible es más bajo, los vehículos son más ligeros, su desempeño en altura es más elevado y el ruido que producen es prácticamente imperceptible.

Ahora bien, si quieres impedir o retrasar las averías en el turbocompresor, has de realizar un mantenimiento adecuado: evitar acelerones en frío o en punto muerto, sustituir los filtros de aceite y aire en el momento adecuado, emplear aceite de calidad y revisar periódicamente su nivel y estado. Los fallos que aparecen con mayor frecuencia son fugas de presión, desgaste de los casquillos, fallos de la válvula de descarga, geometría variable agarrotada, holgura en el eje…

Muchas veces esto se debe a que hay un exceso de carbonilla, así que te recomendamos que, de vez en cuando, conduzcas en marchas cortas y pises con energía el acelerador en las rampas, para limpiar el escape y el sistema de admisión. También es recomendable que, durante un par de minutos antes de apagarlo, dejes funcionar el motor al ralentí, para que la turbina baje de revoluciones y el turbo se enfríe poco a poco.

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